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Tratamientos y Servicios.Programa de Deshabituación con Naltrexona |
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1. INTRODUCCIÓN
El Programa de Deshabituación con Naltrexona (PDN), por sus características
especiales, es un programa eminentemente ambulatorio, aunque la naltrexona
también se administra puntualmente en salidas programadas de Comunidad
Terapéutica que así lo requieran, y también se puede realizar la inducción
en la propia Comunidad para proseguir el mantenimiento de forma ambulatoria.
El PDN de la Fundación Marbella Solidaria se inició como tal en el 2001.
2. FUNDAMENTACIÓN
La utilización de la naltrexona en el tratamiento de la dependencia opiácea
se basó en la descripción del síndrome de abstinencia condicionado por
Wickler en 1965 y en los primeros trabajos con ciclazocina. Numerosas
situaciones asociadas al consumo de drogas pueden provocar síntomas de
abstinencia a pesar de llevar largo tiempo abstinente, desencadenar
"craving" y conducir a la recaída. La naltrexona ayuda a impedir la recaída
debido al síndrome de abstinencia condicionado, ya que tras la toma de
antagonistas opiáceos no se experimenta el "high" en respuesta al uso de
opiáceos y esta falta de refuerzo repetida conduce a la extinción de la
conducta de búsqueda de droga. Por esto, los antagonistas disminuyen la
vulnerabilidad a las recaídas cuando el individuo vuelve al ambiente donde
consumía y retorna el "craving", extingue el síndrome de abstinencia
condicionado en respuesta a los estímulos asociados con el uso de drogas y
anula las conductas de búsqueda por bloquear la euforia y el refuerzo
producido por la autoadministración de opiáceos, sin actuar sobre el
refuerzo negativo del consumo.
Es necesario un plan de tratamiento para la realización del mismo,
utilizándose dosis adecuadas de naltrexona, ya que cuando los adictos bajo
tratamiento con naltrexona observan efectos agradables con el consumo de
heroína la evolución empeora. La naltrexona se administra oralmente en forma
de líquido, cápsulas o comprimidos. Los pacientes pueden recibir 50 mg
diarios o 150 mg los lunes y 200 mg los jueves, pero la mayoría de los
programas incluído el nuestro han utilizado el régimen de 100 mg los lunes,
100 mg los miércoles y 150 mg los viernes, que fue señalado desde los
primeros estudios como la pauta de administración más adecuada.
3. METODOLOGÍA
- Inducción
La fase de inducción comprende unas dos semanas, incluye el cuadro de
abstinencia y desde la desintoxicación hasta que se alcanza en una o dos
semanas la dosis de mantenimiento necesaria, que suele sitúarse en 350
mg/semana (50 mg/día).
La desintoxicación es preferible realizarla con el uso de agonistas alfa-2
adrenérgicos, evitando los agonistas opiáceos, dado el largo periodo tras la
última dosis de metadona preciso para introducir la naltrexona. La
verificación del estado libre de opiáceos, necesaria para reducir la
probabilidad de precipitar abstinencia al administrar naltrexona (que dura
más de 24 horas), puede realizarse mediante examen de orina o con la prueba
de la naloxona (antagonista cuyo efecto dura tan solo media hora)..
La inducción es la fase del tratamiento más problemática por el gran número
de abandonos. Existen discrepancias respecto a si es más efectivo iniciar la
inducción en régimen hospitalario o de forma ambulatoria. Algunos estudios
han mostrado tasas de retención mayores en los pacientes ingresados (60-65%
vs 50-35%), aunque a las 4 semanas de tratamiento estas tasas se igualan, e
incluso pueden resultar más elevadas en el grupo no hospitalizado
Existen importantes diferencias en la inducción entre los adictos de heroína
y los post metadona. Durante la desintoxicación los adictos de heroína
responden mejor a terapias de alta intervención, ya que con frecuencia
buscan ayuda en las crisis, los pacientes en mantenimiento con metadona, por
otra parte, refieren más signos de abstinencia prolongados, requieren un
período de abstinencia previo a la toma de naltrexona muy extenso, y
necesitan más soporte farmacológico para el sueño y los trastornos
gastrointestinales. Por ello son los pacientes procedentes de programas de
metadona los que tienen más abandonos en esta primera fase, precisando con
frecuencia, y sobre todo cuando reciben dosis elevadas de metadona, realizar
la inducción en régimen de hospitalización.
Se debe informar detallada y exhaustivamente a todos los adictos y también a
los familiares cuando nos lo permita el paciente, acerca de las
indicaciones, efectos y contraindicaciones de la naltrexona, solicitando al
paciente consentimiento informado de su inclusión en el programa de
tratamiento. Se le proporcionará una tarjeta explicativa del tratamiento con
sus datos personales y los del médico que le atiende, indicándole que debe
comunicar el tratamiento ante cualquier eventualidad.
- Estabilización
La fase de estabilización comprende el primer mes tras la inducción, y
durante la misma se selecciona la pauta de tratamiento. En esta fase
persisten los altos porcentajes de abandonos debido, entre otros factores,
al síndrome de abstinencia prolongado y a la persistencia del "craving". El
"craving" suele desaparecer en el 80% de los adictos durante el primer mes,
mientras que los síntomas de abstinencia prolongada pueden durar meses.
Estos síntomas consisten en náuseas, calambres gastrointestinales, ansiedad
difusa y disminución de la energía. Aunque la naltrexona, por bloqueo del
sistema opiáceo endógeno puede producir alguno de estos síntomas en sujetos
que nunca han consumido opiáceos, creemos que en el sujeto dependiente estos
síntomas no pueden ser achacados a ella. Estos síntomas de abstinencia
prolongada suponen un incremento de la psicopatología, por lo que a veces es
necesario añadir medicación psicotropa adecuada.
Es elevado el porcentaje de pacientes que intenta comprobar que el bloqueo
que produce la naltrexona sobre los efectos opiáceos es efectivo, lo que
puede valorarse por las referencias de los adictos y también por los
análisis de orina. Esta comprobación suele realizarse en esta fase o en la
anterior, refiriendo algunos adictos una importante disminución de la
ansiedad y el "craving" tras comprobar este bloqueo. Esta comprobación
dificulta la realización de ensayos doble-ciego, y así algunos estudios que
lo utilizan, lo hacen tras el primer mes de tratamiento.
Siempre que se pueda deben añadirse sistemas de soporte al mantenimiento. Es
necesaria una supervisión estrecha del cumplimiento de las normas
terapéuticas. No se recomienda que sea el propio adicto el que se auto
administre la naltrexona. Es importante supervisar la ingesta del fármaco, y
vigilar el consumo de otros tóxicos que el paciente puede mantener o iniciar
durante el tratamiento. La implicación familiar en el tratamiento es
esencial. Ya que la familia a menudo ignora los signos obvios de abuso de
droga en los adictos es conveniente confrontarla con los planes del
tratamiento. El papel "policía" de la familia suele ser positivo,
especialmente en las primeras fases del tratamiento: tratar a la familia sin
implicar al adicto es inefectivo, tratar al adicto sin la familia suele
originar un abandono prematuro. Por ello, en la medida de las posibilidades
familiares y los deseos del adicto, debe implicarse a la familia, y más
estrechamente a un miembro de la misma (que en nuestro medio suele ser la
madre o la pareja no consumidora) en el tratamiento.
Asimismo se aconseja realizar exploraciones físicas regulares, y solicitar
exámenes periódicos de la función hepática, que nosotros realizamos al
inicio, a los 6 y 12 meses de forma rutinaria. Se valorará la continuidad
del tratamiento en aquellos pacientes en los que, tras la toma regular de
naltrexona, la cifra de transaminasas se eleve por encima del triple de sus
valores basales.
- Mantenimiento
Esta fase, en general, no ha de ser inferior a seis meses y se debe
complementar con otras medidas psicoterapéuticas y un programa de
rehabilitación psicosocial. La naltrexona, a partir de la estabilización
farmacológica del paciente, va a contribuir a que éste modifique su estilo
de vida, funcionando de modo más adaptativo. La gran dificultad que se
plantea durante este tratamiento es el cumplimiento, común a otras terapias
administradas a pacientes libres de síntomas durante el curso de una
alteración crónica, y sobre todo, si no es perceptible su efecto. Al igual
que en fases anteriores, las tasas de retención aumentan si se complementa
el tratamiento con algún tipo de intervención específica. Hay autores que
han obtenido buenos resultados añadiendo un inhibidor selectivo de la
recaptación de serotonina como apoyo al tratamiento con naltrexona, por su
efecto anticraving. Claramente es esencial la determinación del paciente
para mantenerse en el tratamiento. En esta fase es también importante el
papel que juegan los soportes externos, que pueden incluir psicoterapia,
asesoramiento, familia, amigos, trabajo y soporte legal.
Las visitas al centro deben ir espaciándose progresivamente, para permitir
la normalización de la vida del adicto, tanto en sus actividades sociales
como laborales. La implicación de la familia es fundamental para permitir
que la medicación la tome en su casa supervisado por un familiar que se
responsabilice de la ingesta. En ocasiones el paciente no realiza tomas de
naltrexona en un esfuerzo de probar su capacidad de permanecer libres de
opiáceos por su cuenta.
Esta fase incluye también el seguimiento tras la supresión de la toma de
naltrexona, durante el cuál la familia debe implicarse en la monitorización
de los cambios que puedan aparecer en el adicto y restaurando la toma de
naltrexona en caso de surgir consumos.
En este período se debe producir un cambio en el estilo de vida respecto al
empleo, los amigos y la familia. La asociación de terapia conductual,
familiar o de consejo parece favorecer el cumplimiento del tratamiento. Los
estímulos condicionados al consumo pueden precipitar las recaídas y las
técnicas conductuales pueden ser útiles para evitarlas.
4. DURACIÓN DEL TRATAMIENTO
Al igual que en otros tratamientos de deshabituación, la duración del
tratamiento con naltrexona es variable y debe de ajustarse individualmente,
desde pocos meses para los que llevando bastante tiempo abstinentes sufren
una recaída breve hasta años en individuos con frecuentes recaídas y fácil
accesibilidad a los opiáceos. En general, se recomienda un mínimo de seis
meses pues se observa que así la evolución posterior es más favorable y se
requiere este período para que se produzcan los cambios psicosociales
necesarios para el mantenimiento de la abstinencia. La permanencia en un
tratamiento para la dependencia de opiáceos inferior a 3 meses no es más
eficaz que la desintoxicación exclusivamente.
Al igual que en los trastornos psiquiátricos crónicos se deben sopesar los
posibles riesgos de la toma continuada de medicación con los de una recaída.
Existen también pacientes en los que quizá sólo haya que efectuar el
mantenimiento temporalmente, en determinados momentos en los que el estrés
psicosocial es mayor, ofreciendo protección frente a la posibilidad de un
uso compulsivo de la heroína. Los pacientes que abandonan el tratamiento
retornan con frecuencia a la naltrexona cuando están en peligro de recaer.
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