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LA BIOÉTICA EN ADICCIONES: COMPROMISO DE LA FUNDACIÓN MARBELLA SOLIDARIA. |
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LA BIOÉTICA EN ADICCIONES: COMPROMISO DE LA FUNDACIÓN MARBELLA
SOLIDARIA
INTRODUCCIÓN:
A partir de la década de los 70, se produjo en España una rápida expansión
de una forma de toxicomanía centrada alrededor del consumo habitual de
heroína por vía intravenosa, provocando una intensa alarma social, el
desarrollo de una nueva economía ilegal dedicada a la producción y
distribución de drogas, y la emergencia de un problema de salud pública.
Así, si en nuestro país en 1980 se estimaban unos 79.000 adictos a la
heroína, en 1984 se calculaba en unos 125.000, con una prevalencia del 0.5
al 1%.
Las circunstancias en que se desarrolló la epidemia de consumo parenteral de
heroína -calificadas por algunos autores como crisis de drogas- y los
modelos etiológicos (sociológicos y morales) imperantes, condicionaron las
primeras y apresuradas respuestas terapéuticas y el estilo de relación
médico-enfermo.
En la segunda mitad de los años 70, cuando las drogas ilegales se
incorporaron a la realidad social española, desbordando las estructuras
asistenciales clásicas, aparecieron una serie de iniciativas que perseguían
el objetivo de aislar a los sujetos del ambiente que había generado su
adicción. Por tanto, no resulta extraño que los primeros programas de
tratamiento que se pusieron en marcha en una sociedad alarmada por la
expansión del fenómeno de las drogodependencias consistieran en programas
libres de drogas en centros de internamiento y comunidades terapéuticas
constituidas a imitación del modelo tradicional americano. Todavía en 1996,
los 237 centros residenciales para toxicómanos existentes en España tenían
una estructura comunitaria, y sólo la tercera parte de ellos estaban
atendidos por equipos profesionales, estando el resto dirigidos por
movimientos variados, desde iniciativas privadas hasta movimientos
religiosos (congregaciones católicas, evangelistas, etc.), por
ex-toxicómanos constituidos en grupos de autoayuda y por diferentes sectas.
Con posterioridad, el enlentecimiento del ritmo de la expansión en la
segunda mitad de los años ochenta, la difusión del VIH/SIDA y de otras
graves enfermedades contagiosas entre la población dependiente, los
esfuerzos en la investigación biológica desplegados en la década de las
Neurociencias, y el fortalecimiento del modelo médico dentro de la
Psiquiatría y las Drogodependencias, produjeron un cambio en las estrategias
de intervención. De esta forma, junto a los programas de deshabituación o
libres de drogas, se fue procediendo paulatinamente a la profesionalización
de los equipos terapéuticos, y al desarrollo y extensión de los diferentes
programas de tratamiento.
El incremento del número de heroinómanos por vía parenteral parece
estabilizarse en la década de los 90, observándose simultáneamente
modificaciones en las tendencias del consumo, con el aumento de la
proporción de pacientes de más edad que inician tratamiento, el
estancamiento en el número total de adictos, la mayor demora entre el primer
uso de opiáceos y la demanda de tratamiento, e importantes cambios en la vía
y el modo de administración, con una tendencia a la mezcla de sustancias.
En estas circunstancias, y fruto de un mayor encuentro entre las distintas
áreas del conocimiento y los profesionales implicados en los equipos
terapéuticos, se producen los primeros pasos en la emergencia de un nuevo
modo de entender los trastornos mentales y las adicciones: el modelo
biopsicosocial, más preocupado por la determinación de los mecanismos de
interacción entre distintos factores de riesgo en el desarrollo de estos
trastornos, y más sensibilizado con la defensa de la dignidad y los derechos
de los drogodependientes.
Con este propósito, se constituyó el Centro de Estudios de Bioética en
Adicciones al amparo de la Fundación Marbella Solidaria.
El 30 de noviembre de 2001 se constituye en Marbella (Málaga), el Centro
de Estudios de Bioética de Adicciones de la Fundación Marbella
Solidaria, con el objetivo de integrar la reflexión ética más avanzada, con
la práctica cotidiana en la gestión de centros y servicios y en la
intervención con las personas afectadas por las adicciones en el Municipio
de Marbella. Dicho Centro de Estudios inició su andadura con la celebración
de un Seminario de Expertos, titulado Reflexiones sobre Bioética
en Adicciones, que permitió participar juntos en este proceso de
reflexión a profesionales externos con patronos y personal de la Fundación.
ETIOLOGÍA Y CONCEPTUALIZACIÓN DE LAS ADICCIONES.
Las adicciones constituyen un fenómeno complejo, en cuya génesis se
encuentran implicados factores etiológicos de orden muy diverso
(+personales, sociales, familiares) y donde los modelos de causalidad lineal
no son aplicables. Esta complejidad etiológica determina la
heterogeneidad de definiciones que se proponen desde diversas áreas del
conocimiento, de forma que la primera dificultad que encuentra el estudio de
las drogodependencias es la propia conceptualización del fenómeno. La
conceptualización de las adicciones se encuentra a su vez muy influida por
factores de orden igualmente heterogéneo: socioculturales e ideológicos, el
paradigma científico imperante, el modelo de Estado, las representaciones
sociales dominantes sobre las drogas, etc. Y es que este es un aspecto
decisivo, ya que la consideración de las adicciones como un trastorno de
base orgánica o como un modo de vida elegido por el sujeto repercute en las
respuestas terapéuticas que se ofrecen, en la manera en que el ordenamiento
jurídico contempla el fenómeno, en las políticas de asignación de recursos
para la prevención, tratamiento y rehabilitación, y en los aspectos
relativos al conocimiento y la investigación.
Se concluye que la consideración de la adicción a las drogas como una
enfermedad médica susceptible de tratamiento parece la más beneficiosa tanto
para el individuo como para la sociedad, eliminando las concepciones
moralizantes y evitando el riesgo de la estigmatización, aunque también se
coincide en que el abordaje terapéutico ha de conceder igualmente un papel
relevante a la motivación y los recursos interiores del sujeto en el proceso
de cambio personal. En otras palabras, no se considera legítima la
equiparación que se hace entre sujeto enfermo y sujeto desresponsabilizado y
sin autonomía para promover procesos de cambio; antes bien, es de suma
importancia en el tratamiento fortalecer en el adicto la asunción de
responsabilidades y la adquisición de una progresiva autonomía personal.
LOS PROGRAMAS TERAPÉUTICOS. ESTRATEGIAS DE INTERVENCIÓN
En un concepto amplio, se coincide en que las estrategias de intervención
sobre el problema de las drogodependencias tienen que influir al mismo
tiempo tanto sobre la demanda (mediante programas preventivos, de
tratamiento y rehabilitadores), como sobre la oferta (mediante
iniciativas políticas, policiales y judiciales). Las intervenciones sobre la
demanda irían encaminadas a la adecuación de los programas, evitando
rigideces, promoviendo la flexibilidad de los mismos, tratando
simultáneamente los trastornos psicopatológicos coexistentes e
individualizando los tratamientos mediante la actuación de equipos
profesionales multidisciplinares (el llamado abordaje biopsicosocial). En
referencia al interés creciente en los aspectos relacionados con la
prevención, se plantea la necesidad de una educación para la información,
que debe tener como motor fundamental y básico la conquista de la libertad.
En cuanto a las intervenciones sobre la oferta, existen posturas extremas y
enfrentadas, desde la liberalización total, a la penalización absoluta,
aunque se opta más por fórmulas intermedias de legalización controlada
sanitariamente.
ASPECTOS JURÍDICOS E INSTITUCIONALES.
Un drogodependiente tiene los mismos derechos que cualquier otro paciente.
Estos derechos están claramente reflejados en la Declaración de Lisboa de
1995, en el artículo 10 de la Ley General de Sanidad, en el Convenio de
Oviedo de 1999 y, por supuesto, en el Código de Ética y Deontología Médica.
Estos derechos, lógicamente, generan obligaciones en los profesionales. El
incumplimiento del respeto a estos derechos, especialmente los referentes a
los temas de confidencialidad y secreto profesional, está tipificado como
delito en el vigente Código Penal, pudiendo ser castigado,
independientemente de sanciones económicas, con penas de hasta cuatro años
de prisión. La información proporcionada a otros agentes sociales en
instituciones respecto a un problema adictivo debe ajustarse al criterio del
mínimo de información preciso para desempeñar el trabajo.
Se concluye también que el "grado de responsabilidad" atribuible al adicto
no modifica el derecho a recibir el tratamiento de su enfermedad. En otras
palabras, el médico, o cualquier otro profesional que participe en la
intervención en adicciones, no debe erigirse en jurista, ni en teólogo, ni
en moralista. Por otra parte, se cuestiona la autoridad moral desde la que
puede negarse a un drogodependiente el ejercicio pleno de sus derechos
mediante una incapacitación, ya que, a menos que se encuentre intoxicado, en
general, el adicto suele tener el suficiente grado de competencia para tomar
decisiones.
Sobre el papel del Estado, se defiende un intento de encontrar el
equilibrio entre el liberalismo y el paternalismo, representados por el
Estado liberal frente al Estado del bienestar. También se señala que, a
veces, los derechos sociales entran en confrontación con los derechos
individuales y que, aunque en determinadas circunstancias deberá primar el
interés público sobre el individual (ej. Un paciente tuberculoso bacilífero
que no desea tratamiento), como norma general, en caso de conflicto, se
deben anteponer los derechos individuales a los sociales.
EL CONOCIMIENTO Y LA INVESTIGACION.
En cumplimiento del principio de competencia en todas las
intervenciones sobre drogodependientes, sobre todo en las investigaciones,
la necesidad de profesionalización y actualización se convierten en
una exigencia ineludible, así como la necesidad de un control externo de las
actuaciones. Se advierte en este punto, no obstante, sobre dos peligros: el
del cientifismo, que asigna a un resultado científico la categoría de verdad
absoluta, y el de la ambición experimentalista desmesurada, que puede
también ser objeto de objeciones éticas.
En conclusión, las adicciones se han convertido en un gravísimo problema de
salud pública, en el que las diversas intervenciones no han obtenido todo el
éxito esperado. Superados ya los viejos enfrentamientos entre enfoques
discrepantes, en nuestros días el mayor esfuerzo de los investigadores
debería desplegarse en la integración de los distintos conocimientos y en la
formulación de modelos útiles para la compresión de estos trastornos. En
este contexto pueden emerger abordajes terapéuticos más integrales y
adecuados a la complejidad etiopatogénica de los mismos, y más respetuosos
con la dignidad y los derechos de los drogodependientes.
DILEMAS ÉTICOS EN DROGODEPENDENCIAS.
Podemos afirmar que la Bioética aplicada a las Adicciones nos obliga a
reflexionar ante varios dilemas: ¿Se trata de una enfermedad o de un
estilo de vida elegido libremente? ¿Debe primar el individuo sobre la
sociedad, o viceversa? ¿ Cuáles son los factores y grados para dilucidar la
capacidad o incapacidad del sujeto?...
Sabemos positivamente que existen comportamientos de consumo que no tienen
nada que ver con la enfermedad de la adicción, sabemos que existen
consumidores que no son, ni serán nunca adictos. Hay pues un abanico muy
amplio de posibilidades entre el enfermo y el no enfermo.
Este hecho implica que la lectura del problema no es únicamente médica, sino
que debería enfocarse globalmente.
Quizá el término de Bioética en Adicciones sea muy reduccionista y
deberíamos hablar de la Bioética en su conjunto, englobada a su vez en la
Ética en general. Se deduce de todo esto, que los derechos del enfermo
adicto son idénticos a los de cualquier otro tipo de enfermo, sin ninguna
clase de restricciones; de la misma forma, si nos resistimos a
identificar "enfermedad" con "ausencia de responsabilidad personal en la
conducta", el mismo razonamiento es aplicable para los afectados por las
adicciones. Al no ser el adicto totalmente irresponsable, habrá que plantear
también la cuestión de los derechos individuales en contraposición con
los colectivos.
Las adicciones se han convertido en un gravísimo problema de salud pública,
en el que las diversas intervenciones no han obtenido todo el éxito
esperado. En nuestros días, el mayor esfuerzo de los investigadores debería
desplegarse en la integración de los distintos conocimientos y en la
formulación de modelos útiles para la compresión de estos trastornos. En
este contexto pueden emerger abordajes terapéuticos más integrales y
adecuados a la complejidad etiopatogénica de los mismos, y más respetuosos
con la dignidad y los derechos de los drogodependientes.
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